Arranca el ciclo
Los primeros días son de adaptación. Vamos despacio, sin prisa, hasta que cada niño se siente en casa.
«Abrimos la puerta de nuestra casa a todos los niños del mundo»
Eso es lo que quisimos construir: un kínder que se sienta como una casa. Un lugar donde cada peque sea recibido por su nombre, encuentre su sitio y quiera volver al día siguiente.



«En la repetición, el niño encuentra la perfección.»
La seguridad de los niños es nuestra prioridad. Sobre esa base construimos lo demás: que sean felices, que aprendan a convivir y que crezcan seguros de sí mismos.
Trabajamos con un sistema laico y una comunidad pluricultural. Aquí caben todas las familias, vengan de donde vengan y crean lo que crean.
Enseñamos a aceptar, incluir y respetar desde los primeros años. Con el acoso no negociamos.
Fuimos el primer kínder verde de la zona. Los niños cuidan el huerto y aprenden que la tierra y los seres vivos dependen de nosotros.
Ningún niño va tarde. Observamos, acompañamos y damos tiempo. Aprender no es una carrera.




Hay días que los niños esperan todo el año, y que sus papás recuerdan mucho después. Este es el camino que recorremos juntos, de agosto a julio.
Los primeros días son de adaptación. Vamos despacio, sin prisa, hasta que cada niño se siente en casa.
Trajes típicos, música y antojitos. La primera fiesta grande del ciclo, y la que más les gusta preparar.
El punto alto de «Viajando por el mundo»: cada grupo presenta su país con su bandera, su comida y su música.
Se disfrazan de adelitas y revolucionarios, y descubren de dónde vienen las cosas que ven cada día.
Participamos con los niños para acercarlos a la empatía y la inclusión desde muy pequeños.
Una semana dedicada a cuidar la tierra, con el huerto como protagonista absoluto.
Se regalan cosas hechas por ellos y aprenden que querer a un amigo también se dice y se demuestra.
Aprenden qué significan sus colores y su escudo, y por qué se le rinde honores.
Los abuelos vienen a leerles. Es de los días que más disfrutan, y de los que más nos gusta ver.
El más esperado del año: hacemos una pijamada y montamos una obra de teatro. Vienen en pijama y no quieren irse.
Los niños preparan su número y su regalo en secreto. Ese día el kínder se llena de mamás y de nervios.
Otro festival, otro secreto bien guardado. Los papás vienen a jugar y a bailar con sus hijos.
«Porque me quiero, me cuido»: hábitos, alimentación y cuidado del cuerpo, con visitas que los sorprenden.
Fuimos el primer kínder verde de la zona, y el huerto sigue siendo de lo que más orgullosos estamos. No es un adorno: los niños lo trabajan.
Cada grupo tiene su parte del huerto. Ellos ponen la semilla, ellos la riegan y ellos revisan cómo va.
Una planta no crece porque uno tenga prisa. El huerto enseña a esperar mejor que cualquier explicación.
Lo que sale del huerto llega a la mesa. Cuando un niño se come el jitomate que él sembró, prueba distinto.
Entienden que la tierra y los seres vivos dependen de nosotros. La conciencia ambiental no se enseña, se practica.



Salones preparados a la estatura de los niños, con el material a su alcance, y un jardín exterior para salir a jugar todos los días.

Mesas, sillas y estantes a su altura. Todo está pensado para que puedan tomar su trabajo y devolverlo sin pedir ayuda.

Un espacio lúdico y armonioso, siempre vigilado por las guías.

Materiales de la vida cotidiana que dan estructura y preparan para la lectoescritura.

Libros, alfabeto móvil y tarjetas de apareo para desarrollar la escritura.

Cada material, en su lugar y a su alcance.

Cochecitos, carritos, casita y cocinitas. Aquí se lo pasan en grande.
La mejor manera de conocerlo es venir. Te lo enseñamos en horario de clase, con los niños trabajando.
Agenda tu visitaCada mes recorremos un país distinto. Durante cuatro semanas el salón entero viaja ahí, y los niños van armando su mapa del mundo sin darse cuenta de que están aprendiendo.
De cada país descubrimos
Al terminar el ciclo han recorrido varios países. Aprenden cultura general jugando, y por eso no se les olvida.

Somos un equipo pequeño y estable. Los niños nos conocen, nosotras los conocemos a ellos, y sus papás saben con quién hablan.
Todos nuestros egresados son aceptados en las escuelas de la zona. Salen muy bien preparados académicamente, tanto en español como en inglés; pero sobre todo salen autónomos, seguros y con curiosidad por aprender. Eso es lo que marca la diferencia el primer día de primaria.

El último día se gradúan, con banda y diploma. Para muchas familias es la primera vez que ven a su hijo despedirse de una etapa.

La seguridad no se improvisa: se practica. Estas son las medidas con las que trabajamos todos los días.
Practicamos con los niños qué hacer ante un sismo u otra emergencia, para que cuando pase sepan exactamente adónde ir.
Cada integrante del equipo tiene un rol asignado y sabe qué le toca hacer. Nada queda a la improvisación.
Solo entregamos a los niños con las personas autorizadas por sus papás. Sin excepciones.
Pocos niños por adulto significa más ojos encima y más manos disponibles cuando hacen falta.

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